Las aguas asesinas


Les hice una pregunta. ¿Recuerdan?
¿Sabes qué son los monstruos?
Pero esa pregunta la respondí a medias por el momento.
Tengo que hablar del viejo que navega en su bote
buscando el pez que devora sus sueños.
Sale a cazarlo
degollarlo
como sea da igual.
El viejo no tiene otro propósito
por eso sale temprano desde su Cogímar
y deja la pluma de escribir.
Pero él no sabe que anda un buscando un pez
que se alimenta de sus extremidades.
Que se alimenta de sus hijos
por puro placer
y lo más importante para el poema
es que en realidad ese pez es un monstruo
que pasea por el malecón habanero
y devora los mensajes de rescate que mandan los ciudadanos.
Los espera porque ellos se ahogan en su desespero
y se lanzan a la boca del monstruo que los aguarda bien erecto
para cogérselos con alegría.
El viejo no sabe esto
y se asusta cuando el agua se revuelve al igual que esas penas
que lo recorren
porque el vacío que tiene ninguna puta lo puede llenar.
No le importa que esas aguas sean negras como las cloacas.
Como el cielo que ahora lo cubre.
Mientras tanto el monstruo se pasea
saboreando la sangre de los colmillos
con su lengua.
La misma lengua que busca el viejo para su colección
así que rema despacio
no vaya a ser que asuste a su pez
ese que ahora lo vigila desde la inmensidad de estas aguas asesinas.
Poesía
